Una cuenta remunerada es una cuenta corriente que paga intereses por el dinero que tienes en ella. Sigue siendo una cuenta: puedes ingresar, sacar y domiciliar recibos cuando quieras, y el dinero está disponible en el día.
La diferencia con una cuenta corriente normal es que la corriente no paga nada. Si tienes 15.000 € parados y la inflación es del 2 %, al final del año ese dinero compra 300 € menos. No has perdido euros, pero has perdido poder de compra: eso es lo que se llama coste de oportunidad.
Cuenta remunerada, depósito y fondo monetario
Son tres cosas distintas que a menudo se mezclan en la misma conversación.
| Cómo funciona | Qué mirar | |
|---|---|---|
| Cuenta remunerada | Paga un interés sobre el saldo y el dinero está disponible siempre. | Si el tipo es promocional y por cuánto tiempo, si exige domiciliar la nómina o un número de recibos, y si hay un saldo máximo remunerado. |
| Depósito a plazo | Inmovilizas una cantidad durante un plazo pactado a cambio de un interés conocido de antemano. | La penalización por cancelar antes de tiempo, que puede comerse los intereses o parte del capital. |
| Fondo monetario | Un fondo de inversión que invierte en deuda a muy corto plazo. No es un depósito. | Las comisiones, que aquí sí las hay, y que **no está cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos**: no es lo mismo aunque el riesgo sea bajo. |
La garantía de depósitos
En España, el Fondo de Garantía de Depósitos cubre hasta 100.000 € por titular y entidad en cuentas y depósitos. La clave está en «por entidad»: si tienes 180.000 € en un solo banco, la parte que pasa de 100.000 no está cubierta, y repartirla entre dos entidades sí lo soluciona.
Ojo con un detalle: varias marcas comerciales pueden compartir la misma licencia bancaria, y entonces el límite se aplica una sola vez a las dos. Antes de repartir, conviene comprobar bajo qué entidad opera cada una.
Lo que conviene mirar antes de mover el dinero
- Si el tipo es promocional. Muchas ofertas pagan bien los primeros meses y luego caen. Apunta la fecha en la que vence.
- Las vinculaciones. Domiciliar la nómina o un número mínimo de recibos es un compromiso, no un trámite: cambiarlo después cuesta tiempo.
- El saldo máximo remunerado. Es habitual que el interés solo se aplique hasta cierta cantidad y el resto quede a cero.
- La fiscalidad. Los intereses tributan como rendimiento del capital mobiliario en la renta del ahorro, con retención en origen. El interés que ves anunciado es antes de impuestos.
- Los cambios de entidad. Cada traslado tiene un coste en tiempo y papeleo. Perseguir décimas de punto cada seis meses rara vez compensa.
Antes de buscar rentabilidad, separa el colchón de emergencia del resto. El colchón necesita estar disponible el peor día, no rendir. Lo que sobra por encima de ese colchón es lo que tiene sentido colocar en otro sitio.
Y una idea que se olvida a menudo: si tienes deuda cara —una tarjeta aplazada, un revolving, financiación de consumo—, cancelarla rinde muchísimo más que cualquier cuenta remunerada, porque ahorras un interés muy superior y lo haces sin riesgo ni impuestos.