Guía

El presupuesto familiar
que sí aguanta un año

Casi todo el mundo ha hecho un presupuesto alguna vez. Casi nadie lo tiene vivo a los tres meses. No suele ser por falta de disciplina: es que estaba mal montado desde el principio, porque se hizo con los gastos de un mes normal y los meses normales no existen.

Cada mes

Y una vez al año

Quita lo que no tengas y ajusta los importes

  • IBI
  • Seguro de hogar
  • Seguro del coche
  • ITV y mantenimiento del coche
  • Colegio: matrícula, libros y material
  • Vacaciones
  • Navidad y regalos
  • Revisión de la caldera y averías
  • Dentista y médicos

Suman al año

4480 €

Hay que apartar cada mes

373 €

Solo para los gastos anuales. Si no sale de aquí, saldrá de la tarjeta el mes que lleguen.

Cómo queda el mes

Fijos1650 €

Variables850 €

Anuales prorrateados373 €

Queda libre327 €

Te sobran 327 € al mes: una tasa de ahorro del 10 %. La referencia habitual está en el 20 %.

Tu colchón de emergencia

Con 2873 € de gasto al mes, tres meses son 8620 € y seis meses, 17.240 €. Tres si tenéis dos sueldos estables; seis o más si sois autónomos o los ingresos bailan.

Los importes de partida son los de una familia tipo, para que puedas ajustar en vez de escribir desde cero. Cámbialos por los tuyos: la cifra que importa es la de arriba a la derecha.

El diagnóstico

Por qué se rompen los presupuestos

El error clásico es construirlo sobre un mes tranquilo. Coges enero, sumas la hipoteca, la luz, la compra y el ocio, ves que cuadra y das el presupuesto por bueno. Llega junio con el seguro del coche, julio con las vacaciones, septiembre con los libros del colegio y diciembre con la Navidad, y de pronto llevas cuatro meses tirando de tarjeta sin haber cambiado de vida.

El segundo error es el detalle. Presupuestos con cuarenta categorías, que exigen clasificar cada ticket y que se abandonan a la tercera semana. Un presupuesto que necesita media hora semanal de administración está muerto, solo que aún no lo sabes.

Y el tercero es apuntar al sitio equivocado. Se recorta el café de la máquina —treinta euros al mes— mientras la cuota del coche, dos suscripciones olvidadas y un seguro que nunca se ha comparado se llevan diez veces eso sin que nadie los mire.

Un presupuesto no es una dieta. No sirve para gastar menos: sirve para saber, antes de que llegue el mes, si lo que quieres hacer cabe o no cabe. Lo demás son decisiones tuyas.

Paso 1

Mira atrás antes de mirar adelante

Antes de decidir cuánto quieres gastar, averigua cuánto gastas. Y no de memoria: de memoria todo el mundo gasta menos de lo que gasta. Coge los tres últimos meses de movimientos de todas tus cuentas y tarjetas y suma.

Tres meses es el mínimo para que un mes raro no te engañe, y lo máximo que suele servirte el banco de golpe: por normativa europea, la mayoría de entidades entrega unos noventa días de histórico cuando conectas una aplicación externa.

Dos cosas concretas que buscar en esa lista, porque son las que aparecen en casi todas las casas:

  • Recurrentes olvidados. Suscripciones que ya no usas, la segunda plataforma de vídeo, el gimnasio de enero, una línea móvil de un teléfono que ya no existe.
  • Comisiones. De mantenimiento, de tarjeta, por sacar en un cajero que no toca. Es dinero que no compra nada, y casi siempre se evita cambiando de cuenta o de costumbre.

Si cobras catorce pagas, no repartas las extras entre doce meses sin pensarlo. Trátalas como lo que son —dos ingresos que llegan en fechas concretas— y decide de antemano su destino, porque si no tienen destino se lo inventan solas.

Paso 2

Las tres capas del gasto

Casi todo el mundo divide sus gastos en dos: los fijos y los variables. Falta la tercera, que es justo la que rompe el año.

  • Fijos. Hipoteca o alquiler, suministros, colegio, cuotas, seguros mensuales. Llegan todos los meses por el mismo importe y son fáciles de prever. Son también los más grandes, y por eso los que más se ahorran al renegociarlos.
  • Variables. Compra, gasolina, ocio, ropa. Cambian cada mes pero se mueven alrededor de una media reconocible. Aquí es donde se puede apretar cuando hace falta, y también donde vive el gasto que no te das cuenta de que haces.
  • Anuales. IBI, seguros, ITV, matrícula, vacaciones, Navidad, la revisión de la caldera, el dentista. Llegan una vez al año, no están en la cabeza de nadie el mes que no toca, y sumados son un pico que ningún mes normal absorbe.

La solución es vieja y funciona: prorratear. Suma todos los gastos anuales, divide entre doce y trata ese resultado como un gasto fijo más, que se aparta el día uno y no se toca. En la calculadora de arriba, esa lista sale por encima de los trescientos euros al mes en una familia normal. Trescientos euros que casi nadie tiene presupuestados.

Ese dinero apartado no es ahorro, aunque esté en la cuenta. Es gasto que todavía no ha llegado. Confundir las dos cosas es lo que hace que en diciembre parezca que has ahorrado mucho y en enero resulte que no.

Paso 3

Elige un método y quédate con él

No hay un método mejor que los demás: hay uno que encaja con cómo eres. Los tres que sobreviven al mes de rodaje son estos.

MétodoCómo funcionaA quién le encaja
50 / 30 / 20La mitad para necesidades, un 30 % para gustos y un 20 % para ahorro y deuda. Es una regla de referencia, no una ley.A quien empieza y quiere una foto rápida de si va bien o mal. Ojo: nació en Estados Unidos, y con los precios de la vivienda en España el 50 % se queda corto en muchas ciudades.
Pagarse primeroEl día que entra la nómina se aparta el ahorro y el prorrateo de los anuales. Se vive con lo que queda, sin más control.A quien odia llevar cuentas. Es el que menos esfuerzo pide y el que mejor funciona a largo plazo, porque convierte el ahorro en una factura más.
Sobres (o presupuesto base cero)Cada euro que entra tiene asignado un destino antes de gastarse, y cuando un sobre se vacía, se acabó.A quien tiene un objetivo concreto y cercano, o a quien viene de un año descontrolado y necesita ver a dónde va cada euro. Exige más constancia.

Si tuviera que apostar por uno para una familia con jornada completa, hijos y poco tiempo, sería pagarse primero, con el prorrateo de los anuales apartado el mismo día. Es el único que no depende de acordarse de nada a mitad de mes.

Paso 4

El colchón, antes que cualquier otra cosa

Antes de invertir, antes de amortizar hipoteca y antes de cualquier plan bonito, va el colchón de emergencia. Es lo que convierte un imprevisto en una molestia en lugar de en una deuda cara.

La referencia habitual son tres a seis meses de gastos, no de ingresos. Tres si en casa entran dos sueldos estables; seis o más si sois autónomos, si dependéis de un solo pagador o si vuestros ingresos varían mucho de un mes a otro. La calculadora de arriba te da las dos cifras con tus números.

Tiene que estar disponible en el día y sin sobresaltos: el colchón no es el sitio para buscar rentabilidad, porque su trabajo es estar ahí exactamente el peor día. Otra cosa es el dinero que sobra por encima del colchón, que sí puede tener un destino mejor que una cuenta corriente.

Si tienes deuda cara —tarjeta aplazada, revolving, financiación de consumo—, va antes que todo, incluso antes de completar el colchón. Ningún ahorro razonable renta lo que cuestan esos intereses.

Paso 5

Veinte minutos al mes

Un presupuesto que no se revisa es una foto vieja. Pero revisarlo no es reclasificar tickets: es sentarse una vez al mes, con quien comparta la economía de la casa, y mirar cuatro cosas.

  • Dónde se desvió lo real de lo previsto, y si fue una vez o va a repetirse. Lo primero es ruido; lo segundo hay que meterlo en el presupuesto.
  • Qué gastos nuevos han aparecido. Una suscripción, una cuota, un recibo que ha subido en la renovación sin avisar.
  • Qué viene el mes que entra. Los anuales tienen fecha: verlos con un mes de antelación es la diferencia entre pagarlos y financiarlos.
  • Si el ahorro del mes ha salido de verdad. No lo que pensabas ahorrar: lo que quedó.

Hacerlo en pareja importa más de lo que parece. La mayoría de discusiones por dinero no son por cuánto se gasta, sino por que cada uno tiene en la cabeza una versión distinta de la misma cuenta.

Cuando salen negativos

El orden por el que conviene atacarlo

Si al final del mes falta dinero, hay un orden que ahorra más esfuerzo por euro recuperado. De más fácil a más duro:

  • Lo que pagas y no usas. Suscripciones duplicadas o muertas, seguros que se solapan, cuotas de servicios que ya no tocas. Cuesta una tarde y no cambia tu vida en nada.
  • Lo que pagas de más por no haber mirado. Luz, gas, teléfono, seguros. Son fijos grandes que se renegocian una vez y siguen ahorrando todos los meses del año.
  • Las comisiones y los intereses. Cambiar de cuenta, dejar de aplazar compras, ordenar la deuda cara.
  • Los variables. Dónde haces la compra, cuántas veces al mes, cuánto ocio. Aquí sí hay que decidir, y por eso va después de todo lo anterior.
  • Los fijos grandes. Cambiar de coche, de casa o de colegio. Son decisiones de fondo y a veces son la única respuesta honesta, pero no se toman en un mes malo.

Y si al terminar la lista sigue sin cuadrar, el presupuesto ha hecho su trabajo: te está diciendo algo que no querías oír, con números en vez de con sensaciones. Eso es mejor que enterarse en enero.

Para terminar

Los cinco errores que más se repiten

  • Presupuestar sobre los ingresos brutos. Se trabaja siempre con el neto, y con el neto real de un mes sin extras.
  • Olvidar los gastos anuales. Ya lo hemos dicho tres veces porque es el que más caro sale.
  • Presupuestar una partida de imprevistos y además apuntar los imprevistos reales. Se cuentan dos veces y el mes parece peor de lo que es.
  • Hacerlo demasiado fino. Ocho o diez categorías bastan. Cuarenta garantizan que lo abandones.
  • No contar con los ingresos irregulares. Una paga extra, una devolución de Hacienda o un bonus que se dan por supuestos convierten un presupuesto en un deseo.

Esta guía es información general sobre organización doméstica, no asesoramiento financiero ni una recomendación sobre ningún producto o entidad concretos. Las cifras de la calculadora son estimaciones a partir de los datos que introduces.